SEMBRAR ALEGRÍA
Seguimos con el post sobre la alegría y el buen humor que enlazo abajo...
La ilusión y la alegría son imprescindibles en el arte de saber vivir. Nuestra vida consiste en una lucha por llegar a ser aquello que estamos "llamados a ser", rodeados de afectos, que entrelazan las relaciones personales. Muy en especial en familia. Ir luchando por esa meta nos llena de alegría y satisfacción.
El que no lucha ya ha perdido... La ilusión es primordial para no envejecer el alma. Como apuntara Van Gogh, "jamás hay que dejar apagar el fuego de tu alma, sino avivarlo".
En los momentos en los que uno se siente triste hay que hacer un esfuerzo por buscar un pensamiento positivo que ayude a agradecer, a ampliar el horizonte, a pensar en los demás... El egoísmo del propio "yo", que nos retorna una y otra vez al mismo "yo", produce tristeza y vacío. Hay que romper el círculo..., y retomar el vuelo con entusiasmo y optimismo.
Cuando uno se enfoca en ideales nobles valora más las cosas importantes, y como consecuencia está ilusionado y agradecido. No da nada por supuesto.
Las buenas acciones dan contenido que enriquece la vida, y por eso nos hacen sentir dichosos. Las personas generosas siempre tienen algo que arrastra y motiva a imitarles en eso... Y son alegres. Quizá esa alegría provenga de "olvidarse" un poco de sí mismas para atender a los otros...
¿Por qué? La alegría, en el fondo, es la resultante de una lucha esforzada por dar lo mejor de cada uno. Por amar. Mucho más en circunstancias de dolor y sufrimiento: el cariño nos protege y reconforta. Los demás necesitan nuestra sonrisa atenta.
Y esa lucha alegre y deportiva nos hace felices. También impulsa a querer a los otros, a hacerles partícipes de esa alegría honda del alma, aunque en la superficie haya dificultades y sufrimientos... Te lo contaba en "lucha y sé feliz".
Cada uno tenemos unos talentos y una misión personal, y podemos iluminar este mundo con la luz y la alegría que portamos. Llenarlo de luz y esperanza. Ser conscientes de esa misión nos da ánimo para acometer la vida. Necesitamos una voluntad entrenada y decidida, y un corazón grande, para comprender a los demás, para escuchar y querer con ternura. Especialmente a los más cercanos. Y para ayudarles, por amor, con actitud de servicio, con detalles concretos, en lo que puedan necesitar. Iluminar la vida cotidiana.
Nuestras acciones trascienden y resuenan en los demás, animan a estar alegres, incluso en medio de problemas y sufrimientos de la vida. Tener una visión con más trascendencia y relieve nos da un sentido profundo: ya lo decía el doctor Frankl con su experiencia tan dura y dolorosa..., pero llena de dignidad y sentido.
Acompañar, escuchar, mostrar empatía, ayudar, es algo grande de veras, cuyo resultado, no buscado, es una sencillez plena de alegría. Ese sentirse dichoso que llena el alma.
Ayudar a cada persona que nos encontremos en el camino de la vida. Como señalara el gran pedagogo Oliveros F. Otero, ponerse cada uno en situación de coherencia respecto al cometido, a la misión específica que tenemos, aquello para lo que hemos sido "llamados". En realidad es lo que nos hará más dichosos.
Siempre respetando la libertad personal, que, como expresa el filósofo Carlos Cardona es la facultad raíz de la personalidad. Reafirmando esa libertad, que se construye "a golpes de libertad", y rectificando cuando el comportamiento no ha sido el esperado, o no ha estado a la altura de lo que se quería. Siempre se puede poner un punto y final con un perdón, y recomenzar con ilusión y nuevos bríos hacia donde se quiere llegar... Apuntar alto para movilizar energías, poniendo el corazón.
Somos dueños de nuestras acciones. Decía Sófocles a través de su obra, en aquella canción del precioso musical de "Antígona tiene un plan", "el destino te lo montas tú"... Somos responsables, ya que respondemos con nuestra vida a lo que de verdad nos importa, a lo que queremos hacer con ella. De ahí la necesidad de pararse a pensar las cosas. Además, el que lucha está alegre: tiene el control, pelea una y otra vez, no da las batallas por perdidas.
Necesitamos una actitud optimista para convertir imposibles en posibles, para dar lo mejor de cada uno pensando en los demás. El optimismo es una visión luminosa de la vida: de la nuestra y hacia los demás. Esperar lo mejor de cada uno, confiar.
Volvemos al pensamiento de C. S. Lewis. Él reflexionaba mucho sobre el dolor, y sobre la alegría. Desde su infancia, marcada por el sufrimiento, con la muerte de su madre y esa serena alegría que portaba, y desapareció, se preguntaba: ¿cómo sentir de nuevo ese chispazo, esas ráfagas de alegría que a veces vislumbraba? Buscaba rehacer esas circunstancias, pero no daba resultado. Sería mejor no ser impaciente y buscar su causa...
Sentía en su interior un anhelo insaciable que no le abandonaba. Entonces pensó que la alegría debía ser consecuencia de algo distinto, y es lo que tenía que buscar..., de forma indirecta.
Es "la paradoja" de la felicidad. No se encuentra efectivamente si se busca en directo. Siempre es consecuencia de una plenitud personal, que a su vez proviene de querer a los demás. La persona es "un ser de aportaciones", que se trasciende a sí misma, y encuentra esa felicidad en lo más propio suyo: en darse en la relación con los demás.
Luchar por ello... Y aprender a descubrir los pequeños detalles de la vida cotidiana que alegran. La alegría de vivir, el amor sincero de las personas, la entrañable vida familiar con los que más queremos, la amistad leal..., el trabajo bien hecho, que es una obra de arte, el servicio atento a los demás, lo bueno que nos acontece, la belleza y armonía de la naturaleza, cada amanecer, el trinar de los pájaros, la floración de las plantas, los aromas del campo... Son pequeños disfrutes que alegran la vida: la nuestra y la de los demás. Iluminan y dan calor con su noble entraña. Y traslucen una luz y belleza con mayúsculas.
También intentando vivir algunas cualidades y virtudes relacionadas con la alegría, como la delicadeza y la elegancia, la serenidad, el silencio y el asombro, la paciencia, la finura de espíritu... Todas ellas dan armonía a la personalidad, y hacen ambiente optimista y alegre donde se está a gusto y es más fácil luchar por lo mejor. Así poder transmitir esa riqueza a los demás.
Se trata de saber ver todo lo noble y bueno, la belleza que encierra, la dignidad de cualquier persona, los detalles de atención y cariño cotidianos... etc. Así agradecerlo y por tanto fomentarlo.
Y esa lucha esforzada por dar lo mejor de cada uno es lo que nos hace de veras felices, aunque a veces suponga sacrificio. Las dificultades de la vida, que nos "acrisolan", ayudan a madurar, y van perfilando una personalidad atrayente que sabe comprender y querer a los demás. También sentirse querido. Y todo eso genera alegría.
Ser sencillos, sin complicaciones, nos ayuda a querer y a disfrutar de la vida. Entrenarse en sonreír, en no protestar, en agradecer, en ver lo positivo... Nunca nada está perdido: siempre hay esperanza, y se puede volver a intentar. Por eso, ¡nunca te rindas! Te lo cuento en ese artículo.
Para acabar, una cita de J.R.R. Tolkien, al final de El Señor de los Anillos, en El Retorno del Rey. Un juglar de Gondor se adelanta: "Y cantó para ellos en lengua élfica y en las lenguas del Oeste, hasta que los corazones, traspasados por la dulzura de la palabras, se desbordaron; y la alegría de todos centelleó como espadas, y los pensamientos se elevaron hasta las regiones donde el dolor y la felicidad fluyen juntos y las lágrimas son el vino de la ventura."
Si uno pone empeño e ilusión, y todas sus fuerzas y energía, sucede la "eucatástrofe" que denomina J.R.R. Tolkien: siempre puede surgir algo inesperado que lo cambia todo, ese giro inesperado y feliz en una historia que hace saltar ¡lágrimas de alegría!, "eco" de una alegría inicial del mundo creado. Y la esperanza florece.
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Gracias por difundir. Ser alegre, sembrar paz y alegría a tu alrededor... 😉✌💫💚
Mª José Calvo
Optimistas Educando y Amando
@Mjoseeopt
Dejo algunos enlaces relacionados:
URL:
https://optimistaseducando.blogspot.com/2021/04/sembrar-alegria.html



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